viernes, 8 de diciembre de 2006

EVOLUCIÒN DE LOS PECES EN LA HISTORIA

Análisis de la evolución de los actinopterigios

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Lo que sabemos de la historia de los actinopterigios es lo bastante como para permitirnos sacar más conclusiones acerca del proceso de la evolución que las que nos ha sido posible obtener del estudio de otros grupos de peces más antiguos y no tan bien conocidos. En primer lugar debemos hacer notar la persistencia de los cambios. No existe en la actualidad ningún pez actinopterigio del Devónico.
Por lo tanto, los actinopterigios han estado cambiando lenta pero continuamente a lo largo de su historia. ¿Se debió este cambio a la influencia de las modificaciones ambientales? Desgraciadamente no podemos responder de manera clara a esta pregunta. El mar es un medio relativamente constante, si bien no tan “inmutable” como algunas veces se supone. En especial, la extensión relativa de los mares y de las aguas continentales cambió frecuentemente, y quizá fue un cambio de este tipo el que motivó que los primeros actinopterigios, que eran formas de agua dulce, se adaptaran a la vida marina. Probablemente la vida en el mar no es constante si consideramos períodos muy largos. Es casi seguro que cambie el contenido del agua en nitrógeno, fósforo y otros elementos nutritivos esenciales. Tenemos razones para suponer que durante el Triásico se dio un aumento en la extensión y en la productividad marina. Podían ser estos cambios graduales de las condiciones del agua, debidos en último término a cambios climáticos o químicos, los que ocasionaron las continuas modificaciones en las poblaciones de peces. Sin embargo, no podemos decir que poseamos pruebas de una relación de este tipo; no existen demostraciones claras de que los cambios de las poblaciones de peces dependan de modificaciones ambientales. Por ahora debemos contentarnos con afirmar que el cambio en dichas poblaciones tiene lugar incluso cuando las condiciones del mar parecen mantenerse relativamente constantes.
Es muy notable el hecho de que a medida que la evolución avanza no solo se producen cambios en los distintos géneros sino que grandes grupos desaparecen por completo y son sustituidos por otros. Así, la organización de los paleoniscoideos se había casi extendido en el Triásico y fue sustituida por el tipo de organización de los holósteos. Algunos miembros conservaron la organización primitiva y han sobrevivido hasta hoy, como es el caso del políptero y de los esturiones. De manera semejante, los holósteos con sus colas heterocercas acortadas, apenas existían ya en el Cenozoico, habiendo sido remplazados por los teleósteos, y sólo Lepisosteus y Amia conservaron la organización de los holósteos.
Dentro de los actinopterigios no conocemos ningún caso cierto de sustitución de las formas antiguas por una forma nueva única, pero quizás el origen de los teleósteos represente un caso de este tipo. Es posible que los teleósteos constituyan un grupo monofilético que se iniciase a partir de un tipo único, como Leptolepis, y cuyo éxito ecológico fuese tan grande que implicase la desaparición de casi todos los grupos anteriores. En esto se resume nuestro conocimiento: queda, pues, una amplia ignorancia. Desde luego, no podemos relacionar esta tendencia de los peces al cambio con ningún otro fenómeno natural. Dicho de otro modo, no conocemos las causas de dichos cambios. Las condiciones del mar no permanecieron invariables, pero no parece probable que sus cambios fueran los causantes de los que se dieron en los peces. Sería de gran interés el poder dar una respuesta más satisfactoria a este problema, ya que el caso es de importancia crucial. En la tierra firme las condiciones cambian constantemente y, por tanto, poseemos razones para suponer que los cambios en los animales son debidos a modificaciones ambientales. Pero ¿ocurre lo mismo en el agua?
Los cambios evolutivos de los actinopterigios implicaban la aparición de diferencias que afectaban a la vida entera del animal. Gracias a la conversión de la vejiga natatoria en un órgano hidrostático los animales fueron capaces de permanecer en reposo en el agua a cualquier nivel, y gracias a las modificaciones precisas de las aletas y de la forma del cuerpo fueron también capaces de saltar con notable celeridad en persecución de una presa o huyendo de un enemigo.
Pero, ¿qué es lo que les impuso la necesidad de variar de este modo? Seguramente no fue un cambio en el mar propiamente dicho. Debemos, pues, pensar en algún factor derivado de los mismos peces o de los animales que les rodeaban y que constituían su ambiente biológico. ¿Ha sido la presión de la competencia la que ha provocado cambios en la forma de los peces? Desde luego, pudo ocurrir que la presencia de un exceso de peces fuera empujándolos continuamente a buscar el alimento de una manera más y más activa y en nuevos ambientes, de manera que habrían sobrevivido solamente las formas que tuviesen más eficiencia en este aspecto. Dada la constitución genética inicial de los paleoniscoideos, los peces a los que la competencia empujó a la producción de colas más cortas, escamas más delgadas, y otras características a las que tienen todos los animales de este grupo, condujo a la obtención de una mayor agilidad.

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La historia de estos peces nos proporciona los suficientes fundamentos válidos como para suponer que las “fuerzas” causantes de los cambios evolutivos no son sino las tendencias de los seres vivos a hacer tres cosas:

1. Sobrevivir y autoconservarse
2. crecer y reproducirse
3. cambiar con respecto a sus antecesores.


Las tres fuerzas operan conjuntamente bajo la tensión adicional suministrada por cualquier cambio lento y constante del ambiente.
Finalmente, debemos examinar si los cambios sufridos por estos peces pueden ser considerados de algún modo un avance. Podemos resumir el estudio en una frase afirmando que los actinopterigios recientes son “superiores” a los primitivos porque son mas móviles y más veloces, y porque pueden vivir libremente en el agua con menos gasto energético que sus antepasados.
El plan estructural de los teleósteos permitió, desde luego, la aparición de una amplia variedad de especializaciones, mediante las cuales los peces pudieron adaptarse a todo tipo de situaciones ambientales, tanto en el mar como en las aguas dulces. Por lo tanto, al juzgar la situación del grupo no debemos olvidar esta adaptabilidad: es muy probable que los teleósteos actuales sean más diversos que cualquiera de los grupos de peces anteriores. Su poder para colonizar una gran variedad de hábitats no ocupados anteriormente es quizá la mejor medida de lo que un grupo ha “avanzado” y anteriormente hemos indicado que si ha habido un progreso en la evolución, éste debe entenderse como un aumento de los modos de vida ofrecidos a los animales. Ciertamente el mar y las aguas dulces han permanecido en condiciones aproximadamente constantes a lo largo del período que hemos considerado; en este sentido no podemos decir que los peces hayan colonizado “nuevos” ambientes. Pero desde luego, han hallado una infinidad de nuevos modos de vivir en el agua.

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